El Rincón de Javier Rojas Asensio – El Transparente de la Catedral de Toledo

Narciso Tomé – Arquitecto/escultor 1694 – 1742

 

   El elemento que finalmente vino a culminar la Catedral de Toledo y que configurará uno de los espacios barrocos más singulares es El Transparente, realizado ya en el siglo XVIII por Narciso Tomé.

   Éste se ubica en la bóveda de la girola tras el presbiterio para iluminar el sagrario del retablo mayor desde atrás, en un juego de ilusión barroquizante.

   La obra es un ejemplo de lo que Bernini denominó “bel composto” o unión armoniosa e integradora de todas las artes: Arquitectura, Pintura y Escultura para lograr un “todo”.

   En 1986 se publicaba en España por vez primera el libro sobre el Barroco del profesor Rupert Martín, en el que el autor afirmaba categóricamente: De los numerosos monumentos barrocos en que la luz real y dirigida  forma parte integrante de la composición espacial, el más espectacular se halla en España. El Transparente de Narciso Tomé en la Catedral de Toledo, terminado en 1732”.

 

 

 

 

 

   El Transparente de la catedral de Toledo ha sido desde su origen el elemento arquitectónico más discutido de cuantos la componen.

   Y todavía esta obra causa sorpresa cuando nos sale al paso, rompiendo a la girola por el eje, en lo alto de la bóveda, para permitir el paso de la luz. El efecto logrado por el gran ventanal, difícilmente visible  desde el interior del templo, iluminando el adornado altar que se adosa a las traseras del muro de cierre del presbiterio, es admirable. Responde completamente a la más esencia barroca por su concepción, por su ejecución y por el efecto que logra tanto en el espacio sobre el que impone su presencia como sobre el espectador que transita bajo su luz.

   Como en otras muchas manifestaciones artísticas de nuestra catedral, es una auténtica obra señera en su estilo. Es un proyecto al que no le han faltado las críticas ya desde su inicio: romper los paños de cierre de las bóvedas de la girola podía afectar  gravemente a la estabilidad de esta parte tan delicada del edificio, donde confluyen los empujes de todas las naves para formar la girola; el equilibrio de empujes y pesos en la obra gótica es delicadísimo y solo si se mantiene se garantiza la estabilidad, particularmente en el caso de obras de gran altura, como es esta de cinco naves.

   La audacia de Narciso Tomé se apoyaba en un solidísimo conocimiento del gótico, como permite comprobar el resultado.

   Muchas voces se alzaron contra la propuesta, que respondía a un deseo del cabildo expresado ya en 1672, con un primer proyecto de Francisco Rizi y ejecutado durante el mandato del cardenal don Diego de Astorga y Céspedes, entre 1720 y 1732, quién financió la obra y ante ella situó su sepulcro a los pies del nuevo altar.

 

   Narciso Tomé que llegó a Toledo desde el norte, pues nació en la ciudad zamorana de  Toro, en tierras de la corona de León, con toda probabilidad en el mes de noviembre del año 1694. Era hijo de Antonio Tomé, escultor y ensamblador, y de Ana Martín. El matrimonio había tenido, al menos, ocho hijos, cuatro hembras y cuatro varones, de los que tres de ellos – Andrés, Narciso y Diego – siguieron el oficio del padre.

   Todavía con pocos años, apenas veinticinco, hizo la fachada de la Universidad de Valladolid en 1715; allí demostró lo que podía llegar a hacer.

 

 

   Cuando el maestro Ardemans se volvió desde Toledo a Madrid en 1715 quedó vacante su plaza en la catedral, y el cabildo terminó por elegir a don Narciso como nuevo maestro mayor. Al poco recibió el encargo del Transparente, ya que, tras los muchos años que de ello se venía hablando, por fin fue ocasión, con el apoyo del arzobispo, de abrir el hueco que debía permitir el paso de la luz.

   Finalmente presentó un modelo a escala, en yeso, en el año 1722, que a todos satisfizo.

   El Transparente, prodigioso modelo de arquitectura escenográfica barroca, fue ideado con la finalidad esencial de iluminar con luz natural, obtenida con el atrevido recurso de abrir un amplio ventanal en la bóveda, el reducido espacio o capilla que queda tras el Retablo Mayor, en que se reserva el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

   Mármoles y jaspes de la más exquisita calidad sirvieron para la ejecución de la espectacular escenografía diseñada por Narciso Tomé, que ideó todo un apoteósico conjunto de esculturas y pinturas en que exprimió el simbolismo y la exaltación eucarística, de acuerdo con el lugar y la finalidad del proyecto.

   Sobre un elegante altar, cuyo frontal simula finísimas labores de encaje en mármol, se eleva la majestad de la Virgen María con el Niño en los brazos, como ofreciéndolo en primicia eucarística a todos los hombres. La Eucaristía se inicia con el misterio de la Encarnación: Dios se hace hombre y finalmente quedará entre los hombres en las formas del Pan y el Vino, aludidas en las ofrendas que se representan, a cada lado, en sendos paneles con escenas en bajo-relieve de la vida del rey David, en una haciendo él mismo unas ofrendas en el templo, en otra recibiendo como rey de Israel las ofrendas de un ejército vencido; en ambos casos son ofrendas de pan y vino que vienen a ser, como en el resto de la obra, símbolo profético de la Eucaristía.

  

   Nuestra Señora está sentada en un trono dorado que llevan varios angelitos y tiene al Niño Jesús en sus brazos, recostado, apoyado con una mano en una esfera que simboliza el mundo.

 

 

   El retablo se adapta a la girola y por ambos lados se continúa hacía las naves laterales en distinto plano, retirado de la escena central. En los flancos, el mismo zócalo de mármoles negros jaspeados sirve de base a otras dos hornacinas, en las que dos toledanas santas y mártires, Casilda y Leocadia, demuestran el valor de la fe.

   Santa Leocadia, situada a la izquierda, se conoce por la palma del martirio que lleva en sus manos.

   Encima de estas dos santas se sitúan los dos más famosos santos de Toledo, San Eugenio, primer obispo de la diócesis, y San Ildefonso, seguramente el más grande de los devotos de la Virgen María que ocupará la sede metropolitana de Toledo.

  

   El cuerpo del central del inefable retablo de mármol que viene a ser el Transparente lo ocupa el Óculo o ventanal redondo por donde penetra la luz hasta el espacio del Sagrario o Santísimo Sacramento.

   La sensación que se pretende es imitar el esplendor del Sol. Desde su centro brota toda una eclosión de rayos solares en forma de potencias, dando a entender que el Santísimo Sacramento es la divina Luz que nos ilumina en nuestra vida.

   En su derredor, en abigarrada pero sublime confusión, se amontonan deliciosamente figuras de mármol, los arcángeles MiguelRafaelGabriel Uriel (éste con un incensario), ángeles y nubes en atrevidísimas posturas y arriesgados escorzos y distorsiones, que dan una asombrosa impresión de movimiento.

  

   Sobre este cuerpo central del Óculo se asienta el conjunto de figuras de tamaño natural de una Última Cena, en que los Apóstoles y la figura de Cristo han sido dispuestos con absoluto dominio de la perspectiva y la finalidad de toda la obra.

 

   Se trata del momento en que Cristo formula definitivamente el sacramento de la Eucaristía.

 

   La bóveda que cubre la Sagrada Cena se cierra con un frontón curvo que tiene delante otro grupo de ángeles que nos presentan el gran milagro de la Virgen en Toledo, su presencia corporal, es el símbolo de la Catedral: la Imposición de la Casulla a San Ildefonso.

   Coronando todo el retablo de escultura están las figuras de las tres Virtudes Teologales, a la izquierda, la Esperanza, con un ancla de bronce junto a ella; a la derecha está la Caridad con un niño en sus brazos, y, en el centro y rematando todo, está la Fe con el cáliz y la cruz en sus manos, de bronce dorado en íntima conexión con el culto al Santísimo Sacramento.

   Un paño de pinturas se forma desde el fin del retablo hasta lo alto de la cúpula; en sus ángulos están los evangelistas sobre nubes, en las formas de toro, león, águila y ángel, todo alados, como los que tantas veces se ven en las cúpulas de las iglesias. Un arco iris rodea a la Fe y une el retablo con la pintura de modo admirable, y allí los ancianos que dice el Apocalipsis ofrecen sus coronas, y los ángeles y los coros celestiales cantan la gloria de Dios, que sostiene el libro de los siete sellos para que lo abra el Cordero.

   En la escena frente al retablo se representa el robo de la copa de que acusaron a Benjamín, el menor de los hijos de Jacob, que se busca entre sacos de trigo.

   Encima de todo queda el hueco entre la bóveda abierta y la ventana nueva. Allí están pintadas las escenas del Antiguo Testamento con los ejércitos israelíes recibiendo el pan por intercesión de Dios.

   Alrededor de la ventana se mezclan ángeles de bulto con otros muy graciosamente pintados parecen todo uno, los que con sus instrumentos ofrecen su música a la luz que por allí entra. Un ángel destaca entre otros, pues cuelga cabeza abajo para sostener entre sus manos la cuerda de la lámpara que iluminará al altar si falta la luz.

   La finalidad de la obra quedó cumplida con creces. La catedral de Toledo recibe la luz que entra desde el Oriente, e ilumina una pequeña habitación entre dos altares, éste nuevo que queda sobre la girola y el principal de la catedral, el altar mayor de la primada, que por ser majestuoso hace difícil disponer por encima de la mesa del altar un sagrario. Para conservar el Santísimo se abrió un sagrario en la habitación que queda entre medias, iluminada por la bóveda rota. Poca gente ha tenido ocasión de entrar, pues salvo los sacerdotes que ofician en el altar mayor, nadie puede llegar hasta esta pequeña habitación. A ella se llega por una escalera que arranca en el lateral del altar mayor; es un cuarto pequeño y apenas tiene sitio para la ventana, una pequeña repisa bajo ella y enfrente, en la pared tras el retablo mayor, está el hueco del sagrario. La puertecilla está rodeada también de ángeles, y se decora todo con símbolos de la Eucaristía, las uvas y espigas del pan y el vino de la consagración. El Altísimo estará por siempre iluminado con la luz de oriente.

   Toda una espectacular escenografía eucarística que no tiene igual en el arte de la Iglesia. Y que termina por situar a la Catedral de Toledo a la cabeza de los templos eucarísticos de la Cristiandad. La Catedral Primada es Santuario Eucarístico por excelencia.

 

Textos: Referencias tomadas de distintas publicaciones editadas por el Cabildo de la Catedral Primada – “La Catedral de Toledo” – Año 2009. Y de la publicación “Narciso Tomé arquitecto/escultor 1694-1742- autor Juan Nicolau Castro – Colección ARS HISPANICA.”

 

 

 

   “Se considera a El Transparente la obra maestra de este gran artista del barroco que era Narciso Tomé, pero yo me inclino a asegurar que es una de las más grandes obras del retablo de todos los tiempos.  No sólo por la magnífica talla de las figuras, obra de un maestro consumado, sino además y por sobre todo, por los efectos tridimensionales de la luz bañando las figuras de suaves colores. Tomé no tuvo que recurrir a la magia de la luz de los vitrales para crear esta atmósfera celestial, sino se propuso (y lo logró) crearla a través de las cualidades de la tridimensionalidad, algo que en el barroco era tema más que obligatorio.

   Todo este altar rebosa de movimiento, de sortilegios de armonía y éxtasis de figuras que se adelantan y retroceden como movidos por una energía mística que está representada por la luz exquisita que las baña desde arriba; en pocas palabras: lo mejor y más grande del barroco”. 

 

Julián González – UFM (Universidad Francisco Marroquín – Departamento de Educación) Guatemala.

 

 

Reportaje: Javier Rojas Asensio.

Fotografías: Angel Martinez Torija.

Comentarios

  1. Francisco Javier Rojas Asensio
    Francisco Javier Rojas Asensio 16 enero, 2019, 14:03

    Ángel estoy muy satisfecho con las fotografías que has aportado al texto, con ellas se puede seguir mucho mejor la lectura. Gracias por ello.

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