La Capilla de la Estación de Ferrocarril de Toledo

 

   El 24 de abril de 1919, Toledo vivió un relevo en su estación ferroviaria. Aquel día había dejado de prestar servicio la primitiva terminal (debida al ingeniero de Caminos y Puertos, Eusebio Page), que desde 1858 había acogido al primer tren inaugural y que ya, en los albores del XX, se mostraba como pequeña, vulgar y alejada del perfil monumental de la ciudad. Ya mencionábamos que en 1910 la empresa MZA aprobaba la idea de levantar un edificio más relevante, comenzando las obras en 1911 con el derribo de algunas estructuras anejas para lograr la extensión deseada. Entre 1916-1919 se ejecutó la construcción propiamente dicha, que concluiría con el singular perfil historicista que mantiene hasta la actualidad

 

   La moderna estación se alzó en el costado derecho de la antigua terminal.

 

   El proyecto arquitectónico firmado en 1913 por Narciso Clavería y Palacios , presupuestado en un millón de pesetas, contemplaba la existencia de un «Salón de Honor» como el existente en las principales estaciones para atender las visitas oficiales.

 

 

 

 

   Esta sala la situó en el extremo izquierdo del edificio, junto a la torre, con cuatro puertas: la que se comunica con el andén, dos laterales (una de ellas bajo la propia torre del reloj) y la cuarta hacia la explanada de la fachada principal. Esta disposición obedecía a los usos protocolarios, de manera que el ilustre visitante al descender del convoy -bajo la marquesina del andén-, accediera a dicho salón donde podía descansar brevemente o atender cualquier circunstancia. Desde allí la personalidad podía dirigirse a la lonja exterior por la puerta opuesta al andén a fin de tomar los vehículos dispuestos. Una de las puertas laterales permitía también salir a un espacio más recoleto, protegido por la bóveda que soporta la torre. Este lugar es un ámbito estudiado, ornamentado, cuadrado, limitado con tres arcos y la puerta del salón, teniendo en su parte superior una cubierta de crucería de tipo califal. Una artística cancela, con elementos heráldicos entre sus barrotes, defiende el paso por la fachada general, abriéndose tan sólo para que el visitante «vip» y su cortejo cruzasen por aquí sin tener que atravesar el vestíbulo general, bien el llegar a Toledo, o bien en el momento de partida.

 

   La espléndida publicación Toledo. Revista Semanal de Arte (dirigida por Santiago Camarasa), ofrecía el 15 de mayo de 1920 un reportaje que permite ver el aspecto original del Salón de Honor decorado con un abigarrado ambiente oriental tan del gusto de la época, muebles de «estilo español», sedas en las paredes, espejos tallados por Cristino Soravilla y otros curiosos detalles decorativos que con el tiempo se han modificado parcialmente o perdido.

 

 

   Tras la Guerra Civil este reservado ámbito se transformó en capilla para atender el culto de la vecindad cercana a la Estación, algo que se mantiene hasta la actualidad y que, seguramente, no existe en ninguna otra terminal ferroviaria. Así pues, la torre, aun cuando es un efectivo faro horario, tanto para los viajeros como para los vecinos, los domingos y fiestas de guardar se aproxima a la función de los campanarios eclesiásticos de la ciudad verdaderamente mudéjares.

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTES:

  • Artículo realizado por Rafael del Cerro Malagón en el año 2015:

http://www.abc.es/toledo/ciudad/20150607/abci-estacion-ferrocarril-toledo-salon-201506071912.html

  • Fotografías del salón en el año 1920, obtenidas del mismo artículo.

  • Fotografias actuales de la Capilla y de la puerta exterior, de Angel Martinez Torija

 

 

Categorías: historia

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